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Síndrome del Intestino Permeable

También conocido como Permeabilidad Intestinal (PI), Permeabilidad Intestinal Aumentada, Hiperpermeabilidad Intestinal (HPI) o leaky gut en inglés.

No me gustaría pensar que este término está en boca de todos últimamente, pero es que resulta que esta condición es la puerta de entrada a muchas enfermedades de nuestro siglo, como las enfermedades autoinmunes, las condiciones metabólicas y el cáncer. Y no es de extrañar. Nuestra alimentación ha cambiado muchísimo en las últimas décadas y hemos intentado que comer y cocinar sean tareas fáciles y rápidas. Por eso estamos rodeados de comida ya preparada, envasada en plásticos, que puede calentarse rápidamente en un microondas y cuya lista de ingredientes es infinita e ininteligible, pues para los fabricantes es fundamental conseguir un producto duradero en el tiempo, que aguante casi cualquier condición y que, sobre todo, sea palatable (o hiperpalatable, ya que hablamos del tema), es decir, que a pesar de todos los conservantes, contenga aditivos para que el alimento tenga un sabor agradable al paladar y que, además, te guste tanto que lo comas una y otra vez.

Aparte de la alimentación, nuestros estilos de vida se han convertido en algo inhumano, ya que pasamos gran parte del día en casa, oficinas y espacios interiores. Rodeados del calor de la calefacción en invierno y del frescor del aire acondicionado en verano. También abusamos de los medicamentos, pues los tomamos como si fueran caramelos y no tuvieran ningún efecto negativo sobre nuestro cuerpo (espera, ¿he dicho caramelos?, porque pensándolo bien, hasta los caramelos podrían ser tan malos como un ibuprofeno). Y, por supuesto, que no puedo olvidarme de nombrar el estrés. El estrés y la ansiedad con los que vivimos cada día, por vivir en ciudades llenas de gente, contaminación, tráfico y ruido. Por la cantidad de horas que trabajamos y por la gran competitividad que existe ahí fuera en el mundo. Por intentar ser mejor que los demás y por no valorar lo que de verdad importa.

Y después de haber hecho esta breve introducción, te pregunto: ¿de verdad creías que esta manera de vivir no iba a tener consecuencias? Pues ahora es cuando te hablo de Permeabilidad Intestinal.

La permeabilidad intestinal

El intestino

Antes de entrar en detalles, me gustaría explicar brevemente que el tracto digestivo está compuesto por el esófago, el estómago, el intestino delgado y el intestino grueso. El sistema digestivo en su conjunto (que también incluye el hígado, el páncreas, la vesícula, la lengua y las glándulas salivales) es el responsable de digerir la comida que comemos, así como de absorber los nutrientes y expulsar los deshechos a través de la digestión, un proceso químico y mecánico que «rompe» los alimentos en pequeñas moléculas o nutrientes que nuestro cuerpo usará de una manera o de otra para poder crecer y mantenernos a lo largo de nuestra vida.

Si nos centramos en el intestino, que es de lo que quiero hablar aquí, diremos que este está compuesto por una barrera que protege sus paredes interiores (llamada barrera intestinal). Esta barrera es semipermeable y su principal función es proteger al cuerpo de todo lo que entra al tracto digestivo: por un lado, es permeable para los nutrientes que deben ser absorbidos; por otro, nos defiende de comida sin digerir, toxinas, patógenos y los millones de bacterias que viven en esa zona. Por tanto, podríamos decir que la barrera intestinal es selectiva.

¿Y cómo sabe la barrera intestinal lo que es bueno y lo que es malo? Pues porque mientras se encarga de absorber aquello que es beneficioso, cuenta al mismo tiempo con la ayuda de unos mecanismos de defensa fisiológicos como la mucosa, las enzimas digestivas, el ácido gástrico y el sistema inmune que se encargan de «repeler» todo aquello que, en principio, no sirve para mucho. Así que en el proceso de digestión, estos mecanismos son la primera barrera de defensa contra los elementos patógenos.

Toda la superficie intestinal está cubierta por esa capa de mucosa de la que acabo de hablar. Esta capa está formada por unas células de tipo epitelial llamadas enterocitos, las cuales están fuertemente conectadas entre sí. Y si vamos un poco más hacia dentro, sabremos que dentro de estas células epiteliales hay una gran variedad de células inmunes preparadas para proteger al cuerpo de cualquier ataque. Y dado que el intestino es lo que más en contacto está con el mundo de fuera (sí, más que la piel, puesto que su superficie es mayor, ¡como la de una pista de tenis!), los enterocitos están continuamente activados atacando sustancias dañinas. Este estado de respuesta inmune local continuada se llama inflamación fisiológica.

Fuente: Revista Española de Enfermedades Digestivas

En resumen, la comida que ingerimos debe descomponerse en formas simples (como has leído unas líneas más arriba) gracias al ácido, las enzimas digestivas, las sales biliares y la microbiota para que puedan cruzar la mucosa de la barrera intestinal. Y aquí es donde entra en juego el increíble trabajo de los enterocitos, que es: a) transportar los nutrientes digeridos desde el intestino hacia el resto del cuerpo, y b) hacer lo posible para que el resto se quede en el intestino (es decir, que no entre al resto del cuerpo). Al cruzar esta barrera, encontramos el sistema inmune que nos protege de los patógenos que puedan atravesar los enterocitos, y el entramado de vasos sanguíneos y linfáticos que transportan los nutrientes de la comida a los tejidos del cuerpo que los necesitan.

El intestino «agujereado»

El intestino «agujereado» o intestino permeable, como le hemos llamado más arriba, es el resultado del daño que ha sufrido un grupo de enterocitos o las proteínas que forman las conocidas tight junctions o uniones estrechas que mantienen uniforme la barrera de enterocitos. Cuando este daño ocurre se forman, literalmente, unos agujeros microscópicos a lo largo de la barrera intestinal, por lo que algunos elementos contenidos en el intestino y de los que se habla más arriba entran al torrente sanguíneo o al sistema linfático, aterrizando directamente en los brazos de las células inmunes del intestino. Y lo que se ha «colado» no es comida, sino una combinación de patógenos: proteínas sin digerir, bacterias que deberían estar en el intestino y no haber traspasado la barrera, organismos infecciosos (en caso de que los haya de antes en el intestino) y una variedad de sustancias y productos de deshecho que, normalmente, deberían ser excretadas. Cuando todo esto atraviesa la barrera intestinal dañada, cuando se cuela por esas uniones estrechas «más abiertas de lo normal», las células inmunes intestinales lo reconoce como un invasor y lo ataca, reclutando más células inmunes del tejido linfático. Cuando son muchos los patógenos que escapan del recorrido normal del intestino, hay otras partes del cuerpo (en especial el hígado) que también contribuyen a esta respuesta inmunológica, despertando así una respuesta inflamatoria sistémica y haciendo trabajar al sistema inmune como una máquina contrarreloj. Esta respuesta inmune dependerá de la gravedad del daño que haya en la barrera intestinal.

Fuente: Cien por cien natural

Las sustancias no reconocidas que han traspasado la barrera pueden provocar diferentes reacciones en el cuerpo:

  • Sustancias como bacterias tóxicas causan inflamación general desencadenando la liberación de citocinas inflamatorias (este tipo de inflamación no tiene un objetivo concreto, por lo que puede atacar a cualquier célula del cuerpo). En el caso de las toxinas es un poco diferente, ya que normalmente son filtradas por el hígado, por lo que si han entrado demasiadas y el hígado está haciendo un sobreesfuerzo para «limpiar», las toxinas se acumulan y la inflamación se extiende alcanzando el sistema inmune adaptativo. Este último tipo de inflamación causa muchísimos problemas de salud, entre ellos, las enfermedades autoinmunes.
  • Otras sustancias patógenas activan el sistema inmune adaptativo, respondiendo este de diferentes maneras y provocando problemas como alergias y autoinmunidades. Este tipo de activación tiene que ver con la secreción de las células B de anticuerpos como IgE, IgA, IgD, IgM e IgG. Esta respuesta inmunológica se considera una intolerancia alimentaria que puede provocar síntomas parecidos a las alergias y otros síntomas que normalmente no se relacionan, como dolor corporal, fatiga y eczema.

En algunas personas, el intestino permeable puede desarrollarse durante mucho tiempo, incluso años, hasta que empieza a dar señales. El estrés, el insomnio y algunas infecciones podrían hacer que el intestino se agujeree incluso más rápidamente. Y una vez que ha aparecido la permeabilidad intestinal, es solo cuestión de tiempo que otros problemas de salud empiecen a salir a la luz. Y como se ha dicho anteriormente, la gravedad de esos agujeros hará que se desarrollen más o menos enfermedades, algunas de las cuales pueden poner en riesgo la salud.

Causas

Se sabe que el intestino permeable puede producirse por muchas razones, pero todas ellas tienen su origen en la dieta y el estilo de vida (incluyendo el descanso insuficiente, el sedentarismo, el entrenamiento extremo y el estrés crónico). Otras causas incluyen los medicamentos, como los corticoides y los AINE, y las infecciones. Pero sin duda, el premio ganador se lo lleva la dieta y el estilo de vida por ser los principales culpables de la separación de las uniones estrechas de la barrera intestinal. La disbiosis (o desequilibrio de la microbiota – o flora intestinal) también es una causa de intestino permeable.

Fuente: elmundo.cr

Síntomas

Saber si se tiene intestino permeable es difícil. No siempre viene acompañado de síntomas digestivos, y la inflamación que provoca la destrucción de la barrera intestinal puede no causar problemas al principio. La reducción de la pared intestinal hace que se absorban menos nutrientes, por lo que se puede producir una deficiencia de micronutrientes (vitaminas y minerales). El daño en la capa de enterocitos puede provocar intolerancias a la lactosa y la fructosa y la dificultad de digerir adecuadamente las grasas y las vitaminas liposolubles. Incluso si sufres una enfermedad crónica, las posibilidades de sufrir permeabilidad intestinal son bastante altas.

El intestino permeable se diagnostica cuando viene acompañado de síntomas digestivos (que son parecidos a los del Síndrome del Intestino Irritable, el cual no es una condición por sí mismo), y la comunidad científica aún no lo considera una enfermedad o condición, sino más bien «algo que están intentado averiguar».

Sarah Ballantyne divide los síntomas de la siguiente manera:

  1. Síntomas gastrointestinales: dolor abdominal, hinchazón, diarrea o estreñimiento, reflujo o acidez, eructos, gases y náuseas o vómitos.
  2. Síntomas neurológicos: fatiga (especialmente después de comer), niebla mental, dolores de cabeza (y migrañas), ansiedad, depresión, insomnio e hiperactividad.
  3. Síntomas dermatológicos: acné, piel seca, erupciones cutáneas, urticaria, psoriasis, eccema, rosácea y picores.
  4. Otros síntomas: dolor articular, dolores corporales en general, intolerancias alimentarias múltiples y reacciones alérgicas a muchos alimentos, enfermedad autoinmune, dificultad para mantener un peso saludable y síntomas de malnutrición.

Enfermedades relacionadas con la permeabilidad intestinal

  • Fallo orgánico múltiple
  • Síndrome de fatiga crónica
  • Colitis ulcerosa
  • Enfermedad de Crohn
  • Enfermedad celiaca
  • Síndrome del intestino irritable
  • Inflamación articular
  • Espondilitis anquilosante
  • Artritis psoriásica
  • Artritis reumatoide
  • Alergia alimentaria
  • Asma
  • Dermatitis atópica
  • Eccema
  • Enfermedad cardiovascular
  • Insuficiencia cardíaca crónica
  • Embolia
  • Resistencia a la insulina
  • Diabetes tipo 1 y tipo 2
  • Obesidad
  • Esclerosis múltiple
  • Lupus eritomatoso sistémico
  • Hepatitis autoinmune
  • Condiciones psicológicas
  • Depresión
  • VIH/sida
  • Enfermedad del hígado graso no alcohólico
  • Inflamación crónica

Los mecanismos que activan la permeabilidad intestinal

La barrera epitelial (pared intestinal) puede dañarse de varias maneras. Algunas proteínas se unen al borde cuticular del epitelio, haciendo que los enterocitos las transporten a lo largo de la barrera. Otras proteínas irritan o dañan las células. Y otras afectan a las uniones que hay entre los enterocitos.

Este daño o destrucción de las células que recubren el intestino ocurre cuando ciertas sustancias interactúan con estas células. Estas sustancias incluyen patógenos, toxinas y algunas proteínas como las prolaminas, las aglutininas y las saponinas, que se encuentran en abundancia en cereales, legumbres y verduras solanáceas. Si un enterocito muere, este deja un hueco en la barrera intestinal a través del cual pueden colarse las sustancias que pasan por el intestino. En un individuo sano, estos huecos se cierran rápidamente. Sin embargo, si son muchos los enterocitos que van muriendo (como ocurre en personas con ciertas infecciones o que son sensibles al gluten o a las prolaminas, o que comen muchos alimentos ricos en prolaminas, aglutininas y saponinas, o que tienen disbiosis intestinal, o que simplemente tienen una tendencia genética), el cuerpo no tiene tiempo de reparar la pared intestinal, por lo que se desarrolla el intestino permeable. Uno de los factores más comunes es una dieta pobre en los nutrientes que la barrera intestinal necesita para repararse.

Fuente: Wikipedia

A su vez, las células que recubren la pared intestinal se llaman uniones estrechas y se encuentran unidas. Una unión estrecha es un conjunto de muchas proteínas diferentes que se extienden desde dentro de la célula a través de la membrana hasta el exterior de la célula. Estas proteínas se doblan como si fueran olas y están unidas a proteínas de células adyacentes y forman así una conexión estrecha. Esta estrecha conexión es esencial para la unión de la barrera epitelial. Además de esta función, las uniones estrechas también son responsables de dividir la membrana de las células de los enterocitos en dos componentes: la membrana apital y la membrana basolateral. Simplemente por esto, la membrana de las células tiene dos funciones diferentes, una que es esencial para el buen funcionamiento de las uniones estrechas y otra que juega un papel importante en el funcionamiento de la propia célula.

Las uniones estrechas no son estructuras estáticas, sino que están diseñadas para abrirse y cerrarse y que los nutrientes esenciales puedan absorberse. El problema llega cuando la regulación controlada de las uniones estrechas falla y estas se quedan abiertas. Esto no solo crea los agujeros por los que van a pasar al interior todas las sustancias, sino que si la situación persiste, también puede hacer que se produzca una apoptosis (muerte celular programada).

Un mecanismo a través del cual las uniones estrechas se abren es la zonulina. La zonulina es una proteína secretada por los enterocitos y se supone que regula la apertura o cierre rápidos de las uniones estrechas. Sin embargo, ahora se cree que la zonulina tiene un rol esencial en el desarrollo de enfermedades autoinmunes (por ejemplo, los pacientes con enfermedad celíaca tienen altos niveles de zonulina, lo que hace que las uniones estrechas estén más abiertas por más tiempo y ocurre cuando comen gluten). Un incremento en la producción de zonulina también causa permeabilidad intestinal precedida de diabetes tipo 1.

Ojo, porque las uniones estrechas también se abren cuando los niveles de cortisol son altos, cuando se toman ciertos medicamentos, por algunos microorganismos infecciosos o quizás por sustancias que todavía no se han podido identificar.

La solución

La solución pasa por eliminar aquellos alimentos que contienen ciertos componentes que pueden estar incrementando la permeabilidad intestinal. El primer paso sería tratar esta permeabilidad con una dieta nutricionalmente densa y algunos cambios en el estilo de vida. También algunos nutrientes son clave para el cierre adecuado de las paredes intestinales y para mantener su posterior salud (como el zinc).

¿Quieres saber si tienes el Síndrome del Intestino Permeable?

En este enlace del blog de Eva Muerde la Manzana podrás encontrar un sencillo test con síntomas relacionados y los cuales puedes puntuar según el grado en el que los sientas para aclarar tus ideas si sospechas que puedes tener permeabilidad intestinal.

¿Cómo diagnosticarlo?

En este enlace del blog de El Legado de Hipócrates, Yhanna, su creadora, nos cuenta las pruebas que podríamos hacernos para detectar la permeabilidad intestinal.

REFERENCIAS

Este texto es una traducción aproximada del artículo What is a leaky gut? de la doctora Sarah Ballantyne escrito en su blog The Paleo Mom con fecha de 25 de septiembre de 2019.

Si deseas obtener más información, no dudes en hacer clic en estos enlaces, los cuales te llevarán directamente a los datos y conocimientos originales compartidos por la doctora en inglés.

DESCARGO DE RESPONSABILIDAD

La información aquí contenida es una traducción aproximada de los datos recabados en las páginas cuyos enlaces aparecen en el apartado de «Referencias». La creadora de este contenido queda libre de toda responsabilidad en cuanto a posibles errores en el texto. Además, pone al conocimiento del lector o lectora el hecho fundamental de que la creadora original de este contenido en inglés está al tanto de esta traducción.

Isabel es la persona detrás de Qué hay en mi plato. Es graduada en Traducción e Interpretación inglés/alemán/español y también es especialista en Dietética y Coaching Nutricional con enfoque hacia las enfermedades autoinmunes. Su principal objetivo es restaurar la microbiota y la salud digestiva. Tras su diagnóstico en Permeabilidad Intestinal y sus síntomas de Síndrome del Intestino Irritable, sumado a amenorrea hipotalámica funcional, Isabel inició un viaje a través del Protocolo Autoinmune Paleo y un estilo de vida saludable que mejoró su condición en casi un 100%, revirtiendo casi todos los síntomas. Su objetivo ahora es poder compartir toda la información de la que dispone como paciente empoderada para que más personas puedan beneficiarse de ello y mejorar su calidad de vida a través de una alimentación y hábitos de vida saludables.

4 comentarios

  • Yhanna

    Hola Isabel,
    Muchas gracias por mencionarme en tu artículo.
    Encantada de ir generando redes para aportar conocimientos.
    Decirte que me encantan tus contenidos, te recomendaré sin duda 🙂
    Un afectuoso saludo.

    • Qué hay en mi plato

      ¡Hola, Yhanna!
      Me ha hecho inmensamente feliz tu respuesta. ¡Gracias!
      Y gracias por todo el contenido tan útil que compartes, es una maravilla. <3
      Un beso muy grande,
      Isabel

  • Jose

    Hola Isabel,
    Enhorabuena por tu web, me ha parece de gran utilidad. A mi en su día me diagnosticaron enfermedad de Crohn y aunque hasta el momento he disfrutado de una gran calidad de vida, actualmente presento ciertos sintomas. Me parece muy interesante lo referente a la dieta Paleo autoinmune, pero la verdad es que no sé por donde empezar. Tal vez se te ocurre algún libro por el que empezar con la dieta? cualquier recomendación para darle comienzo a esta dieta será de agradecer. La verdad es que leyendo las mejorías que relatas que tuviste, animan a ponerse cuanto antes a ello.
    Gracias de antemano y un saludo!

    • Qué hay en mi plato

      ¡Hola, Jose!
      Muchísimas gracias por tu mensaje y bienvenido. 🙂
      ¡Gracias, también, por tu interés! A parte de la información que puedes encontrar en mi blog (en este artículo explico qué es el Protocolo Autoinmune), puedo recomendarte los siguientes libros que, de seguro, ¡te van a ayudar! 😉
      La solución autoinmune de la doctora Amy Myers
      Guía básica del Protocolo Autoinmune de Eileen Laird
      Y si hablas inglés, este es el libro más completo que habla sobre el tema, de la doctora Sarah Ballantyne:
      The Paleo Approach
      Además de todo esto, yo he sacado hace unos días un libro pequeño con recetas para desayunar en el Protocolo Autoinmune, y que puedes encontrar aquí 🙂
      Si sigues teniendo más dudas, o necesitas más información, ¡no dudes en escribirme!
      Un abrazo,
      Isabel

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